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Música Clásica y ópera de Classissima

Giuseppe Verdi

miércoles 18 de enero de 2017


Ópera Perú

2 de enero

Nabucco en cines con Plácido Domingo

Ópera PerúFotos: Marty Sohl / Metropolitan Opera.(Ópera Perú) Este sábado 7 de enero desde la 1:00 pm. podremos ver en UVK Multicines Basadre, en vivo, vía satélite, desde The Metropolitan Opera de Nueva York, la ópera "Nabucco" de Giuseppe Verdi en un fastuosa producción con la dirección del director emérito del Met, James Levine, y protagonizada por Placido Domingo​, Liudmyla Monastyrska​, Jamie Barton​ y Dmitry Belosselskiy. "Nabucco" es la gran ópera que lanzó a la fama a Giuseppe Verdi. Sus dos trabajos anteriores habían sido un fracaso y su familia había muerto, por lo que el joven Verdi, desmoralizado, estaba decidido a dejar la composición. Fue el empresario Merelli quien con vehemencia pudo persuadirlo para escribir esta ópera. El himno mas famoso de esta, el coro "Va Pensiero" es considerado el segundo himno de Italia y hasta el día de su muerte, en 1901, fue cantado por miles de personas en su procesión fúnebre. Nabucco es una historia sobre el Rey de Babilonia Nabucodonosor, quien desafía a Dios y está en guerra con los Judíos. Es una historia de religión, amor, venganza y redención. La música es de las mas inspiradas de Verdi y llena de color y fuerza. "Nabucco" será trasnsmitida en vivo desde el Met este sábado 7 desde la 1:00 pm. en UVK Basadre,  y podrá verse también en diferido el lunes 9 y miércoles 11 de enero a las 7:00 pm en el mismo cine.La ópera será también transmitida, a la misma hora, por Radio Filarmonía 102.7 FM.Las entradas para la función en UVK se venden en boletería del cine.

camino de musica

29 de diciembre

Misa de Requiem de Verdi – BBC Proms 2016 (Marin Alsop)

MISA DE REQUIEM DE VERDI – BBC PROMS 2016 (MARIN ALSOP) La Misa de Requiem de Verdi ocupó la totalidad de el concierto de hoy de los BBC Proms 2016. Es pues un broche de oro para toda esta larga serie de conciertos, puesto que sólo nos quedará el de la Last Night of the Proms. La Misa de Requiem de Verdi estuvo interpretada por la Orchestra of the Age of Enlightenment dirigida por Marin Alsop. Además intervinieron los siguientes solistas: Tamara Wilson, soprano; Alisa Kolosova, mezzosoprano; Dimitri Pittas, tenor y Morris Robinson, bajo. Todos ellos secundados magnificamente por el BBC Proms Youth Choir. Read More → La entrada Misa de Requiem de Verdi – BBC Proms 2016 (Marin Alsop) aparece primero en Música Clásica .




El Blog de Atticus

11 de diciembre

"I VESPRI SICILIANI" (Giuseppe Verdi) - Palau de les Arts - 10/12/16

Anoche tuvo lugar, al fin, el inicio oficial de la temporada operística 2016-2017 en el Palau de les Arts, con el estreno de la ópera de Giuseppe Verdi I Vespri siciliani, un estreno que ha llegado envuelto en cierta polémica, debido a los reiterados cambios anunciados en los últimos siete días de la protagonista femenina prevista, lo cual no es precisamente una cuestión baladí en una ópera que tiene uno de sus principales atractivos en el complicadísimo papel de Elena. El día 2 de diciembre, el Intendente Livermore anunció que la excelente soprano Anna Pirozzi cancelaba su participación por “prescripción médica ante su estado de gestación”, comunicándose que las funciones de los días 10, 16 y 18 de diciembre serían cantadas por la ucraniana Sofia Soloviy, mientras que los días 13 y 21 de diciembre lo haría la jerezana Maribel Ortega. Como ya dije en este mismo blog, considero una falta de respeto al espectador que se tardase casi dos semanas en hacer público lo que ya se venía comentando en todas partes, sobre todo cuando Soloviy se encontraba ya varios días en Valencia ensayando y Pirozzi no había llegado a pisar el teatro. Pero es que, en un triple salto mortal de la incompetencia y la improvisación, el pasado viernes, esto es, la misma víspera (valenciana) del estreno de estas Vísperas Sicilianas, Les Arts comunica que cambian las fechas anunciadas de las cantantes y así Maribel Ortega cantaría los días 10, 16 y 21 de diciembre y Sofia Soloviy el 13 y el 18... Impresionante. Homérico, como diría el bueno de Michaleen O'Flynn. Hubo gente que tras el anuncio de la cancelación de Pirozzi compró entrada para otras funciones para escuchar a las dos cantantes, y hay quien ahora se encuentra con que esos días han cambiado y va a escuchar a la misma… Es verdad que los cantantes cancelan en todas partes, pero lo que ha pasado aquí no es normal. Para empezar, una cancelación por “prescripción médica ante su estado de gestación” no parece algo muy imprevisible o que a nadie se le haya pasado por la cabeza que podía ocurrir, pero no voy a entrar en eso; lo impresentable es que cuando todo el mundo sabía que Pirozzino venía, el teatro haya callado durante quince días hasta la rueda de prensa de presentación de la ópera. Y luego, lo de Soloviy y Ortega o es de record Guiness del mal fario o, lo que es más probable, una consecuencia más de improvisar y gestionar a palpón. ¿Ha podido surgir un imprevisto que provoque, como en cualquier teatro, que cambie la cantante del estreno?, puede ser, pero aquí se han bailado todas las fechas que habían anunciado hace apenas una semana. No es de recibo. No cuestiono que hayan surgido problemas e imprevistos, pero estoy convencido de que gran parte de estos movimientos tienen relación con no haberse hecho las cosas bien a la hora de cerrar los acuerdos con los artistas. El problema es que las consecuencias de lo ocurrido no se han limitado a la anécdota de si finalmente el día de tu entrada canta Anna, Sofía o Maribel, sino que se ha inaugurado la temporada de Les Arts con una cantante de un nivel impropio para la relevancia del acontecimiento y de la obra presentada. Y, lo peor de todo, es que no fue lo único que no funcionó, ya que, lamentablemente, en mi opinión, anoche vivimos un estreno de temporada de serie B. La producción elegida para la ocasión es una coproducción del Teatro Regio di Torino y ABAO-OLBE que cuenta con la dirección escénica de un turinés que se llama Davide Livermore, del que seguramente hayáis oído hablar. El polivalente Intendente de Les Arts ideó esta puesta en escena para conmemorar en 2011 el 150 aniversario de la unidad italiana en el teatro de su ciudad natal. Livermoretraslada la acción a la Sicilia de 1992, en concreto al brutal asesinato por la Mafia del juez Giovanni Falcone, su mujer y tres de sus escoltas, en lo que se conoce como la masacre de Capaci. El tratamiento que la prensa dio a aquellos hechos en Italia, lo utiliza Livermore para sustituir a los opresores franceses del libreto original por mafiosos y unos medios de comunicación manipulados por una clase política corrupta, que serían quienes actualmente tiranizan a la sociedad. Al comienzo de la ópera, cuando un oficial francés obliga a Elenaa cantar y ella aprovecha para entonar un canto que eleve el valor del pueblo, Livermoretranspone la situación al momento que pudo verse en todas las televisiones del mundo, en el que la viuda de uno de los escoltas de Falcone habló en el funeral al dictado de un sacerdote y le apartaron el micrófono en cuanto se salió del discurso oficial. Después, al comienzo del acto segundo, cuando Procidaregresa a Palermo y canta su famosísima aria Oh patria, Livermore nos presenta al personaje en la oscuridad, entre brumas que poco a poco se van disipando, hasta transformarse la escena en una reproducción de la imagen del atentado a Falcone, con los coches en el socavón provocado en la autopista por el explosivo, en uno de los mejores momentos escénicos de la producción. Creo que todo ese inicio de ópera y la idea en general de Livermore es buena, tiene sentido y no es una mera ocurrencia para provocar o salir del paso. El problema es que no basta sólo con que la idea sea buena y la situación a la que se quiere adaptar el libreto mantenga relación con éste, sino que luego todo el texto y el desarrollo dramático han de tener cierta coherencia; y en este punto pienso que ya hubo más problemas, sobre todo a partir de esa entrada de Procida en escena, que como digo me pareció impactante. Es como si, una vez pasados esos momentos de la ópera que se ajustaban bien a lo que se quería contar, se hubieran acabado las ideas y el resto hubiera que hacerlo casar a empujones. No se puede, por ejemplo, mantener esa misma escenografía de los coches del atentado en la escena siguiente del acto, con el coro Viva la guerra, viva el amor, las novias sobre los coches y las bolsas de basura sobrevolando el escenario de la masacre. Toda la poesía anterior se rompió, consciente o inconscientemente, pero dando la impresión de que aquello ya no tenía mucho sentido. Tampoco creo que se haya adaptado bien a la escena la contraposición entre los coros de franceses y sicilianos del primer acto. El baile de máscaras se desarrollará en un hemiciclo parlamentario en el acto siguiente, el cual finalizará con una proyección de imágenes de conocidos personajes de la historia y la cultura italiana, desde Cavour a Dario Fo, Fausto Coppi o Mastroianni, que acabarán fundiéndose con los colores de la bandera italiana. Y el quinto acto se iniciará en un plató de televisión con Elena cantando el conocido Bolero junto a unas Mama Chichos. La ópera concluirá de nuevo en el hemiciclo con el pueblo ocupando los escaños y arrancándose sus máscaras mientras aparece sobreimpresionado el artículo 1 de la Constitución italiana proclamando que la soberanía reside en el pueblo. Por otro lado, en contra de lo que suele ser habitual en los trabajos del regista turinés, en esta ocasión pareció más descuidado el apartado de construcción de personajes y comportamiento actoral de los cantantes que muchas veces parecían dejados caer o colocados donde menos molestasen. Ya digo que considero que la propuesta de Livermore responde a una idea interesante, con momentos bastante conseguidos, una buena iluminación e instantes atractivos visualmente. Reconozco que me esperaba que la cosa funcionase bastante peor y no es así, pero sentí que el conjunto, aunque a mi juicio funciona, presenta demasiados altibajos, hay muchos detalles localistas que sólo los italianos captarán y acaba destilando una cierta demagogia y bastante pretenciosidad. Este año sí ha sido uno de los directores musicales de la casa, Roberto Abbado, el encargado de ocupar el foso de Les Arts en la apertura de temporada. El año pasado fue el húngaro Henrik Nánási quien la abriera con un espectacular Macbeth. Y, la verdad, es que, vistos los resultados, hubiera preferido que también lo hubiera hecho en esta ocasión. Es cierto que el pasaporte no otorga el estilo o la sabiduría musical, pero resulta chocante que un húngaro consiguiese imprimir mucho más color verdiano que un italiano. Roberto Abbado se enfrentaba a una partitura nada sencilla y enormemente exigente en cuanto a concertación. No sé si sería eso lo que le llevase a estar muy pendiente de procurar concertar adecuadamente los conjuntos, no siempre con éxito, o a llevar entre algodones a una soprano inadecuada, pero el caso es que a Verdi no se le veía por ningún lado, la tensión decaía con frecuencia, no se atisbaba apenas refinamiento alguno para destacar los múltiples contrastes de la página verdiana, y había un exceso de chimpuneo que no podía suplir la, ayer ausente, pulsión dramática y garra de la partitura. Eso no quita para que la orquesta tuviese grandes momentos en que se desvelaba su enorme calidad, como el acompañamiento de las cuerdas al aria de Monforte o en el concertante del acto cuarto. Ayer vi a un Abbadoque parecía más tenso de lo habitual y más serio. Quizás yo vea fantasmas donde no los hay, pero eso unido a la entrevista que publicaba ayer el diario Levante, en la que manifestaba “creo que (en Les Arts) en el futuro debemos trabajar todos más juntos”, me hizo pensar si se estará viviendo cierta crisis entre la dirección musical y artística del teatro. Espero que no. En medio de la decepción vivida anoche, uno de los rayos de optimismo volvió a surgir del gran Cor de la Generalitat, que también acometía una tarea increíblemente complicada, en una obra donde el coro juega un papel protagonista, con un grado de exigencia mayúsculo que supo superar, mostrándose a un nivel por encima del resto de intervinientes en la función, y ello pese a que también se apreciaron pequeñas descoordinaciones en momentos puntuales, pero como algo anecdótico dentro de una majestuosa labor de conjunto. Lo más decepcionante de la velada fue, como ya he adelantado, la ausencia de una soprano que ofreciese una calidad acorde a un estreno de temporada en un teatro que pretende mantenerse en el primer nivel. No sé cuales habrán sido las circunstancias que habrán conducido a que haya sido ella la encargada de asumir finalmente en el estreno el papel de Elena, pero el resultado obtenido fue, por ser suave, inadecuado. Maribel Ortegapodría haber encabezado una digna función del Centre de Perfeccionament o un segundo reparto de pretemporada, pero nunca debió ser la protagonista del estreno de temporada del Palau de les Arts. Siento ser tan duro, pero cuando a uno le colocan en primera línea está ahí para lo bueno y para lo malo. Ya dije a raíz de su intervención en El gato montés, cuando ni sospechar podía lo que me esperaba ayer, que percibía un instrumento sin suficiente peso para afrontar papeles de mayor exigencia dramática. Pienso que este papel no es para ella. La soprano jerezana tiene un atractivo timbre lírico, pero carece totalmente de graves, su centro es inane y sin cuerpo, cubriendo esas carencias con un feo entubamiento, y tan sólo brilla puntualmente en el agudo, algunas veces chillado. Ayer durante los tres primeros actos de la ópera estuvo completamente ausente dramáticamente e inaudible. En los concertantes únicamente resaltaban sus subidas al agudo, el resto era una película de Buster Keaton. En la segunda parte, donde el personaje adquiere mayor protagonismo, tuvo que implicarse algo más y ofreció algún fugaz destello, como un par de agudos imponentes en el quinto acto, pero su Arrigo, ah, parli a un core fue plano y con un final que no se sabía si aquello era una escala descendente o el inicio de una saeta a Jesús del Gran Poder; y el Bolero, directamente lamentable, pese a que fue cuidadísima por Abbado, a quien sólo le faltó subir al escenario a dar las notas, trinos y adornos que ella obviaba. No fueron pocas las ocasiones en que iba a destiempo, obligando al director a intentar reparar aquello, provocando daños colaterales en el coro y orquesta. Y tampoco puedo entender su escasa implicación dramática. No sé si sería la tensión del momento, pero estaba como atenazada, sin personalidad escénica que supliese las carencias vocales y, al menos anoche, su trabajo de actriz no hubiera superado un casting de telefilm alemán de sobremesa. Es verdad que es una cantante joven y que el papel es enormemente exigente, pero ayer estuvo lejísimos de lo que sería simplemente aceptable. Si complicado es el papel de Elena, el de Arrigo es probablemente uno de los más exigentes que Verdi escribiera para tenor, requiriendo al intérprete, además de solidez dramática, moverse permanentemente por la zona del pasaje. Que Gregory Kunde a estas alturas de su carrera se atreva a afrontar un personaje que casi todos sus colegas esquivan, ya es de agradecer, pero además es que cumplió nuevamente con solvencia, pese a que cada vez su voz muestra un mayor desgaste, veladuras tímbricas y más colores que una chaquetilla de Chicote, pero cantó con pasión, sentido dramático y un fraseo incisivo que brillaba en el agudo. Culminó en falsete el addio, addiode la segunda escena del quinto acto, con un efecto que acabó resultando más chocante que elegante. Es verdad que, como dicen muchos, Kunde kundea, pero sigue mostrando una autoridad vocal y escénica que cautiva al espectador, aunque le disfracen con ridículas pelucas como fue el caso.   En el apartado solista, junto a Kunde, para mí lo mejor de la noche estuvo en el Monforte que nos brindó Juan Jesús Rodríguez. Sigue presentando el cantante onubense una voz de auténtico barítono y cuidada línea de canto. En su aria In braccio alle dovizie mostró su dominio del fraseo verdiano con un inspirado recitativo lleno de intención que desembocó en un aria bien respirada y ligada, a la que tan sólo se le echó en falta  un punto más de expresividad y variedad dinámica.  El Procida del joven bajo ruso Alexánder Vinogradov conquistó al público de Les Arts con su voz profunda, grande y rotunda, de timbre atractivo que se expandía con facilidad por la sala de forma imponente. En su aria Oh patria, que es un regalo de Verdi para la cuerda de bajo, fue enormemente aplaudido, pese a que su canto fue muy poco refinado, sin matices ni ligazón, y trabado a base de arrastrar y empujar la voz. Cumplieron más que correctamente en papeles menores, Cristian Díaz y los alumnos del Centre de Perfeccionament Nozomi Kato, Andrea Pellegrini, Moisés Marín, Andrés Sulbarán, Jorge Álvarez y Fabián Lara. La sala no se encontraba llena, presentando numerosos huecos en los pisos superiores y platea alta, con más presencia institucional de lo habitual, con el conseller de Cultura, Vicent Marzà, la consellera de Justicia, Gabriela Bravo, la consellera de Medio Ambiente, Elena Cebrián, o el concejal de Mobilitat, el italiano Giuseppe Grezzi. También pudo verse a cantantes como Raimon o Sole Giménez. El público aplaudió casi cada chimpún de la partitura y al finalizar fueron Alexánder Vinogradov y Gregory Kunde los más braveados. La dirección escénica fue bastante aplaudida con algún abucheo muy aislado. Todo un símbolo de la situación vivida con la soprano es que se optara porque fuese Gregory Kunde el último en salir a saludar, en lugar de la intérprete del papel de Elena, como suele ser lo habitual. Os aseguro que, aunque algunos piensan que disfruto y me relamo, chupando mis afilados colmillos, cuando hago críticas negativas, nada me gustaría más que poder escribir entusiasmado y animando a todo el mundo a disfrutar de una experiencia inolvidable en nuestro teatro. Ojalá hubiese salido anoche tan emocionado de Les Arts como lo hice el pasado día 7 del Liceu, tras asistir a una Elektra referencial e histórica. Pero no fue así, y yo soy el primero en lamentarlo. No obstante, como digo siempre, esto no es más que una opinión personal, subjetiva y posiblemente cargada de ignorancia, por lo cual os animo a todos a que vayáis a Les Arts estos días a disfrutar de una ópera interesantísima y que hay muy pocas oportunidades de verla representada, y después saquéis vuestras propias conclusiones. La música de Verdi siempre justifica el viaje.

Cantan ellas - El Blog de Maac

11 de diciembre

Les Arts: "I vespri siciliani" 10/12/2016 - Sacad el manual de instrucciones.

Sorprende que Las vísperas sicilianas, dado el lugar que ocupa en la producción verdiana: después de la trilogía popular (Rigoletto, Traviata, Trovatore)  y antes de Simon Boccanegra, Un ballo in maschera y La forza del destino, no sea una ópera de repertorio, esta circunstancia la comparte con Aroldo, pero ésta es un caso distinto en cuanto es una revisión de Stiffelio, ópera anterior a Rigoletto. Se han dado muchas razones de por qué Las vísperas, a pesar de tener una música de gran calidad, alabada por el mismo Berlioz, y de forjar un nuevo ideal dramático que culminará en Don Carlos,  no ha terminado de cuajar y su programación sea una rareza; así, se ha dicho que Verdi la escribe a disgusto, en un idioma extranjero, en un formato, el de la grand opèra, en el que tampoco se siente cómodo a causa de sus exigencias formales y con un libreto que no termina de convencerle, tanto por su desenlace como por la ausencia de vida interior en los personajes, exceptuando el de Monforte. Es, por lo tanto, una buena noticia que un teatro se atreva con ella y funciona muy bien, si no como atracción popular autóctona (había muchos huecos ayer en Les Arts), sí como reclamo para que  muchos aficionados de fuera de Valencia decidan venir a verla, por eso quiero felicitar al Palau de les Arts por haber tomado esta decisión. Pero me hubiera gustado que Les Arts hubiera inaugurado la Temporada 2016-2017 con una producción propia, es una manera de crear expectación y de obtener bastante más publicidad que utilizando una producción conocida que procede de  Bilbao y que levantó revuelo cuando se estrenó en el año 2011 en  Turín dentro de las celebraciones del 150 aniversario de la Unificación italiana. Y es que estas Vísperas son el fruto de una  co-producción de la ABAO-OLBE y el Teatro Regio Turin.  No hubiera estado mal programar unos nuevos Vespri o abrir temporada con la Lucrezia Borgia  de Sagi o el Werther de Grinda, para las que así se estrenará producción, pero no es la primera vez que en Les Arts se abre la temporada con una propuesta que procede de otro teatro, esto ya pasó en tiempos de  Helga Schmidt, además tampoco es un asunto para rasgarse las vestiduras; sin embargo, sí lo es el hecho de que el reparto no estuviera a la altura de las pretensiones del teatro convirtiéndolo, en muchos aspectos, en un teatro de provincias. En el libreto original de Scribe la acción se sitúa, en el Palermo de finales del siglo XIII, y narra las heroicas tentativas de los sicilianos para liberar su isla de la ocupación francesa, culminando tanto en el descubrimiento general de que el gobernador francés de Sicilia es en realidad el padre de uno de los cabecillas del motín, como en una revuelta que provoca una masacre en el bando francés, también en el fondo hay una historia de amor, más o menos contaminado por el deseo de venganza. Davide Livermore, cuando recibió el encargo, se propuso trasladar la acción escénica a la época contemporánea entendiendo, con buen criterio, que el público del siglo XXI, a diferencia del del XIX,  no comprendería el significado político de una ópera ambientada en el siglo XIII. Según el propio Livermore ha expresado en numerosísimas ocasiones, antes de efectuar su propuesta,  hizo un ejercicio de reflexión y se preguntó qué es lo que hoy en día bloquea la democracia italiana y la participación popular de los ciudadanos en la política, llegando a la conclusión de que el mal estaba en el poder de las telecomunicaciones, en el "fascismo mediático" - termino, recuerda Livermore, empleado por Passolini- que, en colaboración con los políticos o bajo sus órdenes, distorsiona la realidad y conduce a la frustración y al desorden social, fomentando así la falta de democracia y de participación popular, que es lo que se quiere denunciar. El primer acto se abre con un funeral de estado pero será  en el segundo, que actúa como un flashback, cuando  el espectador comprobará quién era el fallecido y por qué ha habido un conato de sublevación popular. Este acto comienza con la llegada del rebelde  Procida a su patria y su lamento por el estado en el que se encuentra Sicilia. Para reflejar esta situación el director de escena recurre a la reproducción de una imagen de un acontecimiento histórico, "la strage di Capaci" (la masacre de Capaci),  el asesinato del juez Falcone, su esposa y tres escoltas, en una autopista en las proximidades de Palermo,. La situación se amolda muy bien al texto y con ello Livermore dice haber querido rendir homenaje a aquellos héroes contemporáneos que son capaces de defender sus ideales de justicia exponiendo su propia vida.  El personaje de Procida, tan poco grato a Verdi, dispuesto a sacrificar a las mujeres sicilianas e incluso a la propia Elena para conseguir sus objetivos, aparece como un terrorista para quien el fin justifica los medios, un antisistema de los de verdad, no de los otros. También  en este punto la adaptación dramatúrgica me parece oportuna, puesto que Procida,  ya en el propio libreto, se nos va haciendo cada vez más antipático conforme avanza la acción a causa de su fanatismo y falta de escrúpulos. A Verdi le hubiera gustado suavizar el personaje y pidió ayuda a Scribe, el libretista, pero éste no estaba por la labor, así que Procida se quedó marcado por su carácter cruel y sanguinario. Ahora bien, ¿cómo descifra el espectador que Procida es un terrorista dentro de la dramaturgia de Livermore? Pues no lo sé, la verdad, yo lo sé porque se lo he escuchado decir a él dos o tres veces. Malas son las producciones que tienen que llevar al lado un manual de instrucciones. ¿Y qué hacen las parejas de enamorados entre los retos del atentado de Capaci? A mí me dio la impresión de que como había salido la escenografía con los coches quemados Livermore no sabía resolver la situación -no los iba a retirar a los 5 minutos-  y no se le ocurrió nada mejor que sacar a las parejas bailando entre los escombros, como si de un akelarre se tratara, para después sacar bolsas de basura y desperdigarlas por toda la escena, ¿quizás quiso represenar la profanación de un lugar en el que fallecieron heroes italianos por el pueblo italiano? No lo sé. Hace ya tantos años que ocurrieron aquellos hechos que los espectadores contemporáneos que no somos italianos no tenemos las claves para descifrar lo que ocurre en escena. El final de la ópera es radicalmente distinto al libreto, no hay sublevación y masacre francesas. Los franceses, que en la propuesta del intendente de Les Arts, son sustituidos por ciudadanos sin rostro, pierden sus máscaras convirtiéndose en legítimos representantes del pueblo, mientras aparece una proyección del artículo 1 de la Constitución italiana que hace referencia a que la soberanía reside en el pueblo. Sustituye el original final vengativo y despiadado por un final optimista en el que las aguas vuelven a su cauce, el pueblo consigue tener los mandatarios que merece. A Verdi no le gustaba nada como se resolvía el quinto acto, lo demuestra el hecho de sus quejas porque tanto franceses como sicilianos aparecen malparados, los unos porque figuran como opresores y los otros porque aparecen como conspiradores sin escrúpulos que buscan sus libertad y no les importa el peaje que haya que pagar. El principal obstáculo con el que se enfrentaba este planteamiento dramatúrgico era el distinguir entre dos facciones contrapuestas que en el original se identifican con dos nacionalidades diferentes, los militares franceses, como opresores, y el pueblo siciliano, como oprimido; no fue mala solución dividir al pueblo en dos grupos enfrentados, los continuistas, que son una masa y carecen de personalidad y llevan una máscara, y los rupturistas que sí reivindican su individualidad y su libertad y van a cara descubierta. Pero los aficionados no estamos todos en primera fila y este detalle pasa desapercibido para el 80% del público y el 2% adicional que es portador de anteojos, con lo que, a los que estamos lejos, nos cuesta distinguir quién es quién en cada momento; por otra parte, la visión de la sociedad contemporánea planteada por Livermore resulta excesivamente maniquea, porque ni todo el ejército, ni toda la policía, ni todos los políticos, ni todos los periodistas son tan malvados y manipuladores, por lo menos yo quiero pensar que eso es así; y contrasta con esa visión tan verdiana que buscaba un rasgo de humanidad en toda persona resultando al final que, aunque algunos buenos eran muy buenos, los malvados eran dignos de simpatía o compasión y ahí está el personaje de Monforte en las mismas Vísperas o el de Amneris en Aida y Felipe II en Don Carlo, para comprobarlo y ahí está también el diabólico Iago en Otello o el vil Don Carlo di Vargas en La forza como excepciones que confirman la regla. Es una ópera, Las vísperas sicilianas, que entre sus papeles destacados carece de mezzosoprano, los papeles protagonistas son cantados por una soprano (Elena), un tenor (Arrigo),que encarnan a la pareja de enamorados,  un barítono que es el padre del tenor (Monforte), y un bajo (Procida), un rebelde que es afín políticamente, y teóricamente  amigo, de los enamorados. Tanto el rol de Elena, que requiere una soprano que se conoce como sfogato o assoluta,  es decir, que debe saber tocar todos los palos posibles (desde lo más grave y dramático a lo más ligero y leve), como el de Arrigo, que está siempre moviéndose en la zona de paso y planteando al tenor problemas de cobertura y homogeneidad vocal son de los más difíciles que escribió Verdi para sus respectivas cuerdas, y eso hay que tenerlo en cuenta al hacer cualquier valoración sobre los intérpretes puesto que  para salir airoso hay que ser un fuera de serie. Cuando Livermore estrenó esta producción en Turín, la soprano que estaba prevista para encarnar a Elena, Sondra Radvanovsky, tuvo que ser sustituida, por problemas de salud, por  Maria Agresta y en esta ocasión también ha habido que sustituir a la soprano, Anna Pirozzi, que está embarazada, por la ucraniana Sofía Soloviy (en otras representaciones la sustituirá Maribel Ortega), pero sólo hasta el día de antes del estreno porque ayer se anunciaba que Soloviy era sustituida en la función del estreno por Maribel Ortega. Quiero pensar que Pirozzi, que ha cantado hasta hace bien poco, quiso apurar hasta el último momento, o puede que no se supiera el papel porque lo debutaba en estas funciones, o ni siquiera quiso aprenderlo dado que la ópera prácticamente no es de repertorio, la antelación con la que se anunció, a la vez que en la página web de la soprano, me pareció suficiente y no tengo la información necesaria para opinar al respecto. La última cancelación es la que más me ha irritado, si Soloviy se cae del cartel qué menos que explicar a los aficionados cuál es la razón de ello, no me parece una tomadura de pelo porque no creo que haya sido voluntad de Les Arts, sé que en el ensayo general sí participó la ukraniana, lo que sí me parece es una falta de consideración para con el público, a ver si nos acostumbramos a que los espectadores necesitamos explicaciones de por qué se hacen las cosas, y más en un servicio público como es la ópera en Valencia, pagada con el dinero de los contribuyentes. Ortega, que tiene un hermoso timbre, no estuvo a la altura de las exigencias de Elena, sonidos entubados, falta de proyección en los conjuntos, graves inaudibles, llegando a pasar totalmente desapercibida en algunos momentos de los tres primeros actos, supongo que reservándose para la parte final en la que tiene los dos momentos más exigentes: Arrigo! Ah parli a un core, en el que tuvo que ser muy cuidada por Abbado, con parones eternos para aguantar el fiato y defectuosa realización de esas escalas cromáticas descendentes tan exigentes y Mercé, dilette amiche, que no fue un desastre absoluto porque intentó ser cauta, ni siquiera intentó cantar todo lo que está escrito en la partitura, no quiero hacer leña del árbol caído. Una cosa es cantar, en funciones de pretemporada, Soleá de El gato montés y otra atreverse con uno de los roles más difíciles que escribió Verdi para la voz de soprano. Prácticamente no hay en la actualidad tenores que se atrevan con el papel de Arrigo (tampoco es I vespri una ópera que se programe demasiado, es como la pescadilla que se muerde la cola, no sé si no hay tenores porque no se programa o si no se programa por que no hay tenores). Gregory Kunde lo ha cantado ya en bastantes ocasiones (Turín, Nápoles, Atenas, Viena, París, Bilbao) y es un papel que casi podríamos decir que tiene monopolizado,  y es capaz de cantarlo tanto en italiano como en su original francés. Lo canta con soltura, es ya lobo viejo, tiene tomada la medida del personaje, pero a su recreación le faltó ímpetu, arrojo, valentía, no olvidemos que el personaje de Arrigo tiene veinte años escasos, a pesar de todo, gracias a su fraseo, a la proyección y su suficiencia en la zona aguda, fue el mejor de la noche. El tercer personaje en importancia es el de Monforte, el que en un principio parece ser la persona más maligna de toda Sicilia pero que va sufriendo un proceso de humanización conforme avanza la ópera. Es el personaje que ofrece una psicología más rica, llena de claroscuros, y el más difícil de interpretar en lo dramático, debe ser, por lo tanto, un cantante muy expresivo, con un timbre potente que le permita destacar en los dúos y en los números de conjunto, pero también muy lírico cuando debe mostrarse tierno o conmovido, lo que se llama un típico barítono verdiano. Juan Jesús Rodríguez es un conocido barítono del público valenciano, ha cantado en Rigoletto y el Conte di Luna (Il trovatore), se prodiga mucho en los escenarios españoles, franceses e italianos, ha llegado a cantar en el Met y seguramente volverá para cantar en Cyrano de Bergerac junto a Alagna. Tiene un timbre contundente de auténtico barítono verdiano y cantó con mucha entrega la que para mí es la mejor aria de toda la ópera, In braccio alle dovizie, siendo, junto a Kunde, lo mejor de la noche, si hay que buscarle un defecto diría que se agradecería un mayor matiz en las dinámicas y regulaciones. Procida es un personaje muy contradictorio, en él se ve reflejada la discrepancia entre la visión de Scribe, que lo mostró como persona subversiva, tramadora de intrigas, y la de Verdi que quiso hacer de él un patriota, resulta por lo tanto chocante la falta de correspondencia entre la música que compone Verdi, sobre todo al inicio del segundo acto, "O tu Palermo" y la acción dramática, el resultado es que queda en una especie de indefinición que, como ya hemos visto, se integra muy bien en la dramaturgia propuesta por Livermore, de su interpretación se encargó  Alexánder Vinogradov, conocido en Les Arts por su Banco y su Escamillo, posee un timbre de considerable volumen, bastante atractivo pero no dio lecciones de legato y estilo en su ondulante aria, resuelta de forma rudimentaria sin matices en la línea de canto, pero al público le gustó mucho a juzgar por los aplausos que cosechó. El coro no descansa en esta ópera, se requiere de su presencia a dos por tres y tiene papeletas difíciles de resolver, afortunadamente en Les Arts tenemos el Coro de la Generalitat Valenciana rico en colores gracias a su característica distinción entre las diversas voces. Juzgar la labor de Roberto Abbado en esta producción es difícil, tenía una papeleta complicada y se dedicó a estar más pendiente de los cantantes que a buscar el matiz en una de las obras de Verdi de instumentación más refinada, llevó a la orquesta como elefante por cacharrería y no sacó casi partido de todo el potencial que tiene la formación valenciana que, como siempre, nos regaló hermosos sonidos. No pudo empezar peor la temporada del Palau de les Arts.



Cantan ellas - El Blog de Maac

3 de diciembre

Sobre "Las visperas sicilianas" y la tarantella.

Ya decía el otro día que una de las condiciones del contrato firmado con Verdi con la Ópera de París era la inserción de un ballet a mitad de la ópera, Verdi situó el ballet en el tercer acto pero en el segundo acto también hay una pequeña escena danzable que también se inserta entre las costumbres de París, tiene lugar cuando entran las parejas de enamorados y Procida, que no tiene escrúpulos,  aprovecha para instigar a los franceses a aprovecharse de las novias, confiando en que, como ocurrió tras el Rapto de las Sabinas (hay una referencia directa en el propio libreto de la ópera), haya una reacción de venganza por parte del pueblo siciliano. En este momento, el de la llegada de los jóvenes Verdi introduce una tarantella. Una danza popular del sur de Italia que para unos tiene su origen en la ciudad de Taranto y, para otros, de la tarántula o de la danza para curar su picadura. El compás suele ser 6/8 rápido, con aceleración del tiempo. Este ritmo lo han utilizado varios compositores a lo largo de la historia y hoy propongo hacer un repaso por algunos de ellos, comenzaros por  la tarantella napolitana y después la de Las vísperas sicilianas, que se me antoja más napolitana que siciliana, porque también Sicilia tiene su tarantella: Seguimos con la Tarantella op. 43 de Chopin: También Liszt tiene su Tarantella: Otro húngaro contemporáneo de Liszt que también compuso tarantelas fue Stephen Heller: Y Rachmaninov también se dejó seducir por esta danza: Szymanowski: Pero también los compositores contemporáneos se han fijado en la tarantella: Y para terminar, 2 más,  la que creo es la tarantella más famosa de todas, con aroma napolitano y otra que me parece una estupenda combinación entre lo popular y la música para salas de concierto (este último YouTube dura casi una hora, pero vale la pena guardarlo y escucharlo cuando tengamos algo de tiempo):

Cantan ellas - El Blog de Maac

3 de diciembre

I vespri sicilani (11) - Mme. Cruvelli - "Arrigo! Ah parli un core"

El personaje de Héléne (Elena en la versión italiana) en Les Vêpres siciliennes (su título original) fue interpretado por Sophie Cruvelli. Esta cantante no era ni francesa ni italiana, su apellido, que parece italiano, era en realidad Crüwell y era una soprano dramática alemana, hermana de una mezzo y un barítono,  que llegó a ser muy afamada en Londres y París, aunque su reinado fue más bien breve. A los 18 años ya estaba estudiando en París y aunque su madre quería que dejara su carrera y se casara, sus profesores la convencieron para que la dejara dedicarse al canto puesto que veían en ella, gracias a sus cualidades vocales y dramáticas, un gran futuro, así que marchó a Milán y en Italia comenzó su carrera artística intepretando papeles como el de Odabella en Attila o el de Lucrezia en I due foscari, ambas de Verdi, tenía entonces 21 años. Al parecer era guapísima y una gran admiradora de Liszt, a quien seguía en todos sus conciertos, se ganó el apodo de Mme. Hinterlist (astucia o ardid en alemán), es posible que mantuviera relaciones con este pianista-compositor, así como con un afamado cantante que estaba casado. En Londres se presentó con 22 años y cantando el papel de Elvira de Ernani, otra vez Verdi, al que siguieron Rossina de El barbero de Sevilla y los dos papeles con los que había cosechado éxitos en Italia, Odabella y Lucrezia (I due foscari), así como el de Lucrezia Borgia de la ópera homónima de Donizetti, la condesa de Las bodas de Figaro, Abigail de Nabucco. Más tarde cantó Norma en Berlín y regresó a Italia, allí incorporó los papeles de Lady Macbeth (Macbeth) y Norina (Don Pasquale), participando en 1949 en la apertura de la temporada de  La Scala con Odabella  e incorporando en Génova el papel de Luisa Miller. En 1851 debutó en París con Elvira (Ernani) donde también canto Norma, La sonnambula, Fidelio y Semiramide. Su Fidelio le valió la consagración definitiva en Londres donde incorporó Linda de Chamounix. A Verdi le hubiera gustado que cantara el papel de Violetta en La traviata en 1953, dos años antes del estreno de Les vêpres siciliennes, pero no pudo ser porque la soprano tenía compromisos con otros teatros. En su momento fue la cantante mejor pagada de la historia de la Ópera de París, Meyerbeer tenía una especial predilección por ella, quien cantó Valentin en Los Hugonotes, también en París cantó La Vestale de Spontini y La Juive de Halévy, de vuelta en Londres incorporó el papel Desdemona en el Otello rossiniano y Doña Ana en Don Giovanni; otra vez en París cantó Alicia en Robert le Diable, su contrato entonces estipulaba que sólo debía cantar dos noches por semana, Cuando en 1854 estaba previsto comenzar los ensayos de Las vísperas sicilianas, cuyo papel protagonista, el de Héléne, había sido compuesto por Verdi pensando en ella, desapareció del teatro (era la segunda vez que Cruvelli se ausentaba sin dar explicaciones). Fue una oportunidad de oro para que Verdi, que no estaba muy animado a estrenar su ópera, solicitara una rescisión de su contrato con la Ópera de París, pero no lo consiguió. Aproximadamente un mes después de ausentarse la soprano reapareció, ser rumereó que se había ido a Bruselas con un señor poseedor de una inmensa fortuna, el barón Vigier. Por fin el 13 de junio de 1855 participó en el estreno de Las vísperas. Unos meses después, en enero de 1856, se casó con el barón con el que había protagonizado su espantada de la Ópera de París y abandonó su carrera. Siguió participando en funciones pero con carácter benéfico (por ejemplo, cantaba una Norma al año) y participó, también con carácter benéfico, en 1881 en el estreno en Francia de Lohengrin cantando el papel de Elsa. Falleció en 1907 con 81 años de edad. A la vista del repertorio que interpretó está clarísimo que era una soprano dramática con capacidad para la coloratura y muy versátil, a la vista de las arias que para ella compuso Verdi en I vespri siciliani está más claro todavía, hasta el punto de que el aria del cuarto acto "Arrigo! Ah parli a un core!" y el bolero "Mercé, dilette amiche" en el quinto, parecen escritos para dos sopranos radicalmente distintas, es algo que también pasa con Violetta en La traviata y precisamente es el de Violetta un personaje que Verdi quería que estrenara Mme. Cruvelli; por lo tanto, estaríamos ante una soprano assoluta o sfogato.  Es el papel de Elena uno de los que exigen mayor rango vocal de los escritos por Verdi para una voz femenina, requiere una voz muy poderosa con un consistente registro grave que debe destacar en los números de conjunto, también muy sólidos deben ser sus ascensos al agudo, y tanto en el registro grave, como en el central y agudo se necesita tener agilidad, el rago se aproxima a las 3 octavas. Escucharemos el aria del cuarto acto, "Arrigo! Ah parli un core" en distintas versiones. Como vimos el otro día la situación es la siguiente: Elena está en prisión por el intento de asesinato del gobernador Monforte, lo más seguro es que acabe siendo condenada a muerte, se siente traicionada por Arrigo, quien impidió que el delito se consumara, ahora acaba de conocer por la propia boca de su amado Arrigo que éste actuó en defensa del padre. En el aria, Elena se muestra reconfortada, morirá con el convencimiento de que Arrigo no es un traidor, aunque reconoce que la filiación de Arrigo les separa y afronta la muerte en la confianza de que él le será fiel. Esta situación Verdi la traduce musicalmente en una melodía  sencilla y muy lírica, que nada tiene de pesimista ni desgarrada sino serena y de una profunda melancolía como los sentimientos de la protagonista. Melodía sencilla pero no fácil, al final Verdi introduce una cadencia que va desde el do sostenido sobreagudo (do#6)  hasta el fa sostenido grave (fa#3). En total hay 8 versiones para aquellos que tengan tiempo y ganas de comparar.

Giuseppe Verdi
(1813 – 1901)

Giuseppe Francesco Verdi (10 de octubre de 1813 - 27 de enero de 1901) fue un compositor romántico italiano de ópera del siglo XIX, el más notable compositor de ópera italiana y puente entre el belcanto de Rossini, Donizetti y Bellini y la corriente del verismo y Puccini. Fue autor de algunos de los títulos más populares del repertorio lírico, como los que componen su trilogía popular o romántica: Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore y las obras maestras de la madurez como Aida, Don Carlo, Otello y Falstaff.



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